—Voy muy de prisa, señores—respondió el aludido,—y sólo me he acercado á ustedes con el objeto de saludarlos... Pero, en fin, ¿de qué se trata?

—Pues, hombre, de la novedad del día... de cierta joven que ha desobedecido la paterna autoridad.

—Efectivamente: tengo entendido algo que suena á eso mismo; pero como no me gusta meterme en la hacienda del vecino, y dejo á cada uno vivir á su antojo, no he querido enterarme muy á fondo.

—Pero es lo cierto que usted sabe algo...

—De manera que algo, algo, por muy sordo que uno se haga...

—Vamos, que ya sabrá usted más que nosotros.

—Les aseguro á ustedes que no. Soy de lo menos dado á chismes y murmuraciones, como es bien notorio... Pero entendámonos: ¿se refieren ustedes á la chica mayor de don Geroncio?

—Cabales.

—¿De la cual se dice que dos horas antes de ir á la iglesia á casarse con el chico menor de don Atanasio, se plantó y dijo: «no me caso ya», por lo que su padre la amenazó iracundo, de lo cual no hizo ella caso maldito, y resultó un escándalo, y se deshizo la boda?...

—¡Justamente... eso es!... ¡Ven ustedes cómo... Fulano sabía los pormenores del lance?