—Pues, hombre, vamos viviendo.

—¡Cuánto me alegro!

—Muchísimas gracias... ¿Usted tan gordo y tan guapo?

—Gracias á Dios... Pero retírese usted un poquito á la derecha.

—¿Qué ocurre?

—Que está usted colocado junto á una losa quebrada, y un pie se disloca con la mayor facilidad.

—No veo yo la quebradura...

—En efecto, era una ilusión mía... Como en este pueblo anda el ramo de empedrados peor que en Marruecos... Y, á propósito, ¿ha visto usted un comunicado que publica ayer El Vigilante?

—¿Sobre Marruecos?

—No, señor: sobre el guardacantón de la calle X...