—Sí que le he visto.
—¿Y qué le ha parecido á usted?
—Pues, hombre... bien.
—Lo celebro infinito, pues como está hecho al correr de la pluma, no hubiera sido difícil que algún descuidillo...
—Según eso, ¿es de usted?
—Ya que usted lo ha conocido, no lo quiero negar.
—Es usted muy modesto.
—Hombre, no; pero no tengo pretensiones de escritor. Así es que cuando quiero llamar la atención del público hacia un asunto de interés tan general como el que ayer saco á relucir en mi escrito, firmo con un nombre cualquiera... Yo he escrito mucho sobre policía, ¡muchísimo! sólo que no me gusta darme importancia; porque, vamos, no tengo pretensiones de ninguna clase.
—¡Oh! ya se conoce bien.
—Por lo demás, el artículo de ayer creo que abraza cuanto se puede decir sobre el particular.