NOTAS:
[2] Este artículo, que se reproduce á instancias de varias personas que le conocían, se publicó muchos años hace en un periódico de esta capital. Tiempo después se rehizo con objeto de incluirle en uno de los libros del autor, propósito que no llegó á realizarse por causas que no importan un rábano á los lectores; pero sírvales á éstos de gobierno que hoy se publica tal cual entonces quedó restaurado, y tengan en cuenta los años que van corridos cuando su excesiva malicia ó nimia escrupulosidad les lleve á investigar el por qué de ciertos casos y cosas que en el ESBOZO aparecen, y acaso no se ven ya en el original.—(N. de la ed. de 1876).
EL PEOR BICHO
Si cambiándose un día las tornas, ó trastrocándose los poderes, fueros y obligaciones entre los seres condenados á purgar sobre la pícara tierra el delito de haber nacido, se tomara residencia por los que hoy son sus esclavos al tiranuelo implume, al bípedo soberbio que habla y legisla de todo y sobre todo de tejas abajo, y aun, á las veces, osa levantar sus ojos profanos más arriba del campanario de su lugar, como si todo le perteneciera en absoluta indisputable propiedad, ¡magnífica lotería le iba á caer!
Y cuenta que no hablo del hombre encallecido en el crimen; ni del á quien la altura de su poderío hizo desvanecerse y desconocer la índole y naturaleza de sus gobernados; ni del guerrero indomable á quien embriaga la sed de una funesta gloria, y han hecho creer que ésta puede fundarse alguna vez sobre montones de cadáveres mutilados y de ruinas humeantes: refiérome al hombre vulgar, al hombre de la familia, y, por tanto, no excluyo á las mujeres ni á los niños; tomo, en fin, por tipo para mis observaciones, al hombre de bien, á la mujer de su casa, al niño cándido; y empiezo por asegurar que ninguna de estas criaturas se acuesta una sola noche sin un delito que, en justas represalias, no le costara una mano de leña, cuando no el pellejo, si se suspendieran las garantías que hoy nos mantienen en despótico dominio sobre los irracionales, y tocara á éstos empuñar el látigo.
No pretendo ser el descubridor de esta verdad manoseada en fábulas y alegorías hasta el infinito; pero nihil est novum sub sole; y si la forma de mi breve tarea lo parece, en ello doy cuanto puede exigírseme.
Hemos de convenir de antemano en que todo bicho viviente tiene su sensibilidad física como el hombre, y, á falta de razón, un instinto que le hace amar la vida y aterrarse enfrente de todo peligro de perderla; y hay que conceder forzosamente que el frío, el hambre, la sed, la fatiga, la persecución, los palos y las heridas atormentan á los irracionales, en lo físico, lo mismo que á nosotros.
Esto entendido, recordemos algunos de los actos de ferocidad más comunes en la vida del hombre, ejercidos sobre las demás especies.