—Pero, en fin, ¿qué es lo que yo puedo hacer en esta cuestión?

—Pos ná, si le paece….

—¡Explíquese usted de una vez, santo varón!

El aldeano bajó la cabeza, volvió á cambiar de postura, y sin cesar de mirar al sombrero, continuó, al cabo de un rato y tartamudeando:

—Yo, señor, pa decirlo de una vez … porque ello es justo, ¡canario!, justo como la ley de Dios, vengo á que usté me pague, ó á que nombre por su cuenta el tasador.

El forastero dió un salto en la silla.

—¡Que le pague yo á usted!… ¿Pues acaso tengo yo la culpa del suceso?

—Ahí esta la jaba…. Yo no digo que usté lo hiciera de mal aquel, pero la paré estaba flojilla, y con una perdigoná sobraba pa echarla abajo.

—¿Pero usted habla de veras?… ¿Usted es capaz de sostener que yo derribé la pared?

—Yo no lo vi, no, señor; pero una presona que estaba cerca cuando usté mató la miruella me lo ha asegurao….