MERLÍN.—Yo estoy aquí de hombre bueno, y puedo hablar lo que me dé la gana.

SECRETARIO.—Cuando á usted le toque, y en sentido pacífico….

MERLÍN.—Que le digo á usté que se mete en camisa de once varas.

SECRETARIO.—Y yo repito que usted se extralimita.

ALCALDE.—¡Orden!…, ¡que lo mando yo! (Haciendo la señal de la cruz.) ¿Es usté (al tío Merlín) capaz de jurar por esta cruz que el señor demandado derribó la paré de Cleto Rejones?

MERLÍN.—Señor alcalde, yo soy capaz de eso y de mucho más, porque cuando al hombre le asiste la justicia….

ALCALDE.—¿Jura usté? ¡Sí ó no!

MERLÍN.—Primeramente, como hombre bueno que soy de Cleto Rejones, propongo que se arreglen las dos partes. Á mí no me gusta hacer daño á naide cuando la cosa se puede rematar amistosamente.

DEMANDADO.—No hay arreglo que valga; antes al contrario, estoy resuelto á pedir que se escriba el juicio, y á acudir con mi causa adonde haya lugar.

ALCALDE.—¿Qué dice á esto el señor don Silvestre?