—¿Quién es esa deslenguadona que me quiere prevocar?
—¡Á ver si vos calláis, condenás, ó dirvos á reñir allá juera!… ¡Cuidiao que tien que ver! Dir echando los que falten, y cierre el pico la rigunión.
Esta reprimenda, de un viejo pescador, puso en orden á las mujeres, que se disponían ya á hacer de las suyas.
—Á rial, para los dolientes—volvió á exclamar la voz de la presidenta, con la mayor tranquilidad.
Algunas piezas de á dos cuartos cayeron sobre la mantilla.
—Á rial para los dolientes—añadió aún la mujer.
Pero esta petición no produjo ya resultado alguno.
—¿Cuántos semos?—preguntó entonces aquélla.
Oyéronse en la sala fuertes murmullos por algunos instantes, y un marinero contestó después muy recio:
—Quince hombres y veinte mujeres.