—Por todos los fallecidos del cabildo, Padre nuestro.
Esta oración se rezó como la anterior.
—Para que Dios nuestro Señor tome en su miselicordia los santos ufragios que se acaban de hacer por el alma del defunto, que en paz descanse, un Credo.
Y la reunión le rezó con el mayor recogimiento.
—En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo—dijo, santiguándose, la mujer.
—En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo—contestó, con la misma ceremonia, su auditorio.
II
—Amén—añadió el pescador de marras, presentándose en la sala con una gran jarra de aguardiente y un vaso en una mano, un plato lleno de queso en la otra, y un guardia civil … ó pan de seis libras, debajo del brazo.
La consabida mujer le salió al encuentro, después de haber tendido otra vez en el suelo su mantilla, y aceptó con cierta solemnidad la jarra y el vaso que el marinero le ofreció; en seguida colocó éste el pan y el queso sobre la mantilla, y sacó del bolsillo una navaja; calló de repente la concurrencia, lanzó el quinto gemido la mujer del glorificado, relamiéronse con fruición sus tres hijos, y la que tenía la jarra llenó con admirable pulso, hasta los bordes, el primer vaso de aguardiente.
—Para la dolienta—dijo, levantándole en alto.