Cafetera lo tragó con ansiedad, y retirando de los labios su colilla, se fué detrás del puro.
—¿Me da la punta usté?
Chocó al interrogado la desvergüenza del raquero. Miróle muy detenidamente, y
—¿Quién eres tú, chicuelo?—le preguntó.
—Yo soy … Cafetera.
—¿De dónde eres?
—De la calle Alta.
—Y tu padre, ¿cómo se llama?
—El tío Magano.
—Pero ¿cuál es tu nombre de pila?