—¿De qué pila, usté?

—De la de bautismo, animal.

—Otra, ¿qué sé yo?… ¿Me da la punta!

—¿Conque tú fumas, eh?

—¡Ay, qué contra!…; ¿quiere ver como las tapo?

Y diciendo y haciendo, tragó dos chupadas de su colilla, arrojando después el humo por boca y narices con la abundancia y facilidad de una chimenea de vapor. El señor desconocido le miraba cada vez con mayor curiosidad.

—Y ¿á qué te dedicas tú?

—Á cuidar el bote del tío Bandiate.

—¿Y nada más?

—También soy raquero.