—Sí.
—¿No nos habían emprestao á ti, al mi hijo y á mí, un barril de parrocha en la taberna del Estrobo?
—Sí.
—¿No costaba el barril setenta y dos riales?
—Sí.
—¿No te corresponden á ti veinticuatro?
—Sí.
—¿No debías además en la taberna, primeramente treinta cuartos de café y copas, y luego dos riales y medio emprestaos?
—Sí.
—Pus veinticuatro y seis, treinta. ¿Cuánto tienes tú?