—Aquí y en Francia han sío siempre ciento diez y tres, ciento trece, ¡retiña!
—Sí; pero como esos tres son duros, y tres duros son sesenta riales, será la cuenta ciento diez, y sesenta, ciento setenta.
—¿Y cuántos duros hacen?
—Media onza es lo mesmo que ciento sesenta riales, y éstos son ciento setenta; conque son, media onza y medio duro … ocho duros y medio.
—Lo mesmo que endenantes, ¿lo ves?…; hasta diez que han de ser … ¡si cuando yo digo una cosa!
—¡Mal rayo te parta! ¿Pues no te he dicho que había que desquitar treinta riales que debías en la taberna?
—Sí.
—Pus esos treinta que te faltan hasta los doscientos, son los que te dieron de menos.
—Conque es decir que por un lao se me dan treinta riales de menos, y por otro me rebajas tú en la cuenta otros tantos…. ¡Tina!, pues ahora salgo peor; treinta de acá … y treinta de allá…. Esto no lo dejo yo así, y ahora mesmo voy al Muelle, ¡retiña!
—¡Anda, burro, más que burro!… ¡Este hombre no tiene timón en la cabeza! ¡Mal vendaval te sople, animal!…