Imaginémonos ahora que está lloviendo, desde hace ocho días, pero del
Noroeste, con temporal recio afuera.
—Tío Tremontorio, ¿ha visto por la banda del Norte cómo se va poniendo?
—Hay tremolina armá pa unos días…. Esta madrugá abrió un poco el ojo el Nordeste y pensé que íbamos á salir mañana á la mar; pero se ha corrío otra vez al vendaval y con un carís peor que el tuyo.
—¡Y qué lástima de costera, hombre!… ¡Si había besugo pa aborrecelo!… Le digo á usté que esta inverná nos va á costar muy cara.
—Por mor de eso, y pa ayuda de males, nos pegaron aquella troncá esta mañana en el Cabildo…. ¡Y pa eso le citan á uno y le sacan de casa!… ¡Tiña, si me hubiera dejao llevar de mi genio!… Decir á Dios que con el platal que ha entrao en fondo en too lo que va de año no ha de haber quedao pa hacer un reparto, por ver de pasar un par de días, pinto el caso, en que no se pué salir á la mar, ni se gana pa un amoderao[5] siquiera…. ¡Tiña, y que entoavía le han de pedir á uno el real que necesita pa no morirse de hambre!
—Duro es, tío Tremontorio; pero ello, pongámonos en lo justo. Ha dao la casualidá de que paece que se ha avisao media calle pa ponerse enfermo too el mundo. Tolete, con viruelas; tío Mocejón, con el muermo que le ajoga; Viruta, con una pata desbaratá; el Mordaguero, baldao de estribor…; y dispués, yo no sé cuántos más á pique de irse á fondo…. Por otro lao, el médico no quería asistir al Cabildo si no le aumentaban dos mil riales de sueldo, y ha habido que dárselos; la lancha del Puntal nos ha empeñao en un pico mu gordo este año, una bandera nueva pa la capilla…, y el diablo que paece que se ha desatao contra nusotros…. Dé usté á los enfermos el porqué que les corresponde cada día, pague usté al médico lo que pidió de más, pague usté la bandera, pierda usté lo que se ha perdió en el pasaje, y….
—¡Tiña, á mí cuéntame tú del otro mundo, que de éste no tengo ya ná que aprender…; y si Patuca sabe mucho, yo sé más que él. Yo lo que veo es que con un papeluco emborronao nos quiso tapar la boca. Miá tú cómo no estipuló el tanto más cuanto de la cosa, mano á mano como se debía. Pero como entiende de pluma, con decir «aquí está apuntao…»; y á mí no me la cuela él, que no me mamo el deo, aunque no conozco la O, tiña!
—Pero las cuentas ya se desaminaron bien allí, y por gente que lo entiende.
—Comosulas nos atrapan, ¡tiña!, no te canses…. Y digo que aquí engorda anguno con lo que tú y yo sudamos, y si no, vamos á ver. Patuca Malaspenas va á la mar; anda vestío y portao como un señor; en su casa se come carne un día sí y otro no, y nunca falta el cuartillo de rioja, tiene un quiñón en la pinaza del Castrejo y está gordo que revienta. El diablo me lleve si no era tan pobre como yo hace poco tiempo. ¿De ónde ha salío tanto lastre? ¡Tiña! … no quiero hablar; pero si no corriera él con los agorros del Cabildo, como corre hace dos años, no había de tener el pellejo tan reluciente.
—Esos son malos quereres, tío Tremontorio.