—¿Y hay prestamistas honrados?
—Pocos, y yo conozco uno de ellos.
—Pues venga ese.
Guzmán sacó de su cartera una tarjeta; escribió con lápiz al respaldo de ella el nombre y las señas del domicilio del sujeto, y se la entregó a su amiga, diciéndola:
—Ahí está.
La marquesa leyó: «Don Santiago Núñez. Imperial, 15, 2º, derecha». Después dijo a su amigo:
—Está bien. Pues ahora voy a comenzar... por el principio. Las cosas, o hacerlas bien, o no hacerlas.
Y mandó llamar a Simón.
Se marchó Guzmán, y entró a muy poco rato el mayordomo.