—Es mejor así, ya que hay tiempo y ná que hacer en casa.
—Cierto: las vacas van ya camino del puerto, si es que no han llegado á él; el llar está en punto, y la torta la echaré yo pa cenar cuando güelvas... Pero...
Y como el Lebrato no apartara los ojos de las dos sartas de peces, adivinándole los deseos Pedro Juan, díjole, alzando respectivamente la mano en que estaba la sarta grande y la en que estaba la sarta chica:
—Éstos son pa él, y éstos... pa ella.
—¡Pa ella!... ¡Ah, vamos!... Pero nunca otro tanto hicistes, Pedro Juan. ¿Cómo tan ocurrío por parte de noche?
—Porque los merece... Por eso.
—Bien está; pero la novedá es lo que me pasma. Con ello y con que se te atragante la voluntá...
—Es que he pensao que pué que me atriva mejor así.
—¡Hombre! pues si en unos cuantos peces está y no te fías bastante en esos pocos, llévate el canasto entero y verdadero. Con tal que ello sea...
El Josco, sin aguardar á que su padre acabara de hablar, cogió con una sola mano las dos sartas, salió del portal, y á buen paso tomó la misma senda que había llevado Quilino al caer de la tarde; y también, al llegar á lo alto de la sierra, buscó por el callejo más hondo el camino más breve para ir adonde iba.