Inés estuvo á pique de descubrir el detestable efecto que la produjo la repentina aparición de aquella nube tan negra.


XX

QUIÉN ERA ÉL

El caballero, después de llamar abajo y de recibir del mismo don Baltasar, desde lo alto de la escalera, el permiso para subir, subió.

—¿El señor don Baltasar Gómez de la Tejera?—preguntó muy cortés, apenas hubo llegado al descanso.

—Servidor de usted,—respondió don Baltasar descubriéndose la cabeza, porque descubierta la tenía ya el otro.