—¡Hombre!—exclamó don Elías, muy aliviado ya de sus tristezas con aquella noticia.—¡Conque Marcones... digo, conque Marcos también está hoy por acá? ¡Cuánto me alegro!... Pase usted, señor de Quicanes.
—¡Oh, eso no, señor don Elías!... Primero usted...
—¡De ningún modo!
—¡De ninguna manera!
—¡Canario!—dijo entonces el Berrugo que lo presenciaba.—¿Esas tenemos también y á tales horas? ¡Á ver si pasan de una vez juntos ó separados, ó los paso yo de parte á parte!
Echólos por delante, y se fueron los tres al comedor.