—¡Y tenía desvergüenza para irte á tí con esas coplas? ¡Ah, tunante! ¿De modo que tú le llenarías los oídos de insolencias?

—No, señor,—respondió Inés bajando la cabeza, pero con acento firme.

—Y puede que hayas sido capaz hasta de perdonarle la gracia... si es que no se la has ponderado también.

—Sí, señor,—volvió á responder Inés, con igual firmeza y la misma actitud que antes.

—¡Alma de los demonios!—exclamó entonces su padre, punzándola con su mirada de saeta.—Pero ¿qué sangre es la tuya? ¿Á quién sales? ¡Digo!... á los blandengues de San Martín de la Barra... ¡Mal rayo para la casta esa!... Pues vas á ver ahora quién te perdona á tí, corazón de palomita blanca... Porque yo soy ya perro viejo, y con los ojos cerrados sé por dónde va el aire de ciertos fregados de mala jeta, entre lobos corridos y corderillas sin hiel...

Se acercó á la puerta del carrejo, y llamó desde allí á Romana. Y vino la Galusa, que, por lo pronto que llegó, debía de estar bien cerca. ¡Y qué resplandeciente de iras satisfechas traía la cara de merluza podrida! En cuanto su amo la vió entrar, la dijo:

—Ese pillete de Nubloso, á quien acabo de plantar en la calleja, se ha dejado aquí algo que puede ser cebo que le tiente á volver... sobre todo, si hay quien se le meta á menudo por los ojos. De tu cuenta corre, desde ahora mismo, que eso no suceda; y para que no te excuses, en una falta, con no tener atribuciones bastantes, da por recibidas todas las que necesites... Y no hay que hablar más, porque de antiguo nos conocemos. Y ahora, escucha tú—añadió dirigiéndose á su hija:—hazte la cuenta, y no te equivocarás, de que estás encarcelada, y que ésta—señalando á la Galusa,—ha de ser tu carcelera... ¡Ni á misa los domingos! ¡Ni á que te dé siquiera el aire de la solana!

La infeliz creyó morirse de espanto y de indignación; y á tal punto llegó ésta, que la dió fuerzas y valor bastantes para responder á su padre:

—Pues si esa mujer ha de ser mi carcelera, busque usted otra que me guarde de su sobrino... y de ella misma, que le ayuda.

—¡Falso, embusterona!—chilló iracunda la criada.