—Pues hasta mañana.
Y se perdieron en las sombras de afuera los tres del corral que se iban, y se metieron en casa los otros tres que se quedaban.
XXX
COSECHA DE TEMPESTADES
Era ya muy entrado el día cuando la gente de la casona de Robleces notó la falta de Inés, Primero se notó la de la llave de la puerta de atrás, y el que estuviera descorrido el pasador del postigo de la portalada; pero la una podía haberse caído de la cerradura, ó ¡fuera usted á saber! y el otro haberse quedado sin correr por olvido casual, aunque aseguraba el Berrugo que le había corrido él mismo, como todas las noches; como aseguraba también que la llave había quedado en la cerradura, y bien atravesada, para que no pudiera meterse otra falsa desde afuera. De todos modos, cualquier recelo cabía menos el de que Inés hubiera andado en el ajo. Lo que le descubrió fué su cama sin deshacer, cuando la Galusa, viendo que «la zanganota» no salía tan temprano como de costumbre, entró en el cuarto resuelta á «enderezarla á escobazos, si juere menester.» Se quedó helada al notar aquel indicio, y no quiso decir una palabra á su amo hasta cerciorarse de que Inés no estaba escondida en ningún rincón de la casa. No dando con ella, por más que preguntó á los otros criados y la llamó á voces desde muchas partes, ató aquel cabo suelto á los del pasador corrido y de la llave extraviada, y fuése, aleteando con los brazos y echando espuma venenosa por la boca, adonde trajinaba su amo. Refirióle el caso entre bascas y aspavientos, y se quedó el hombre hecho una pieza.
—Pues esa pícara—fué lo primero que habló el Berrugo al volver de su asombro,—no ha ido lejos, si ha ido sola, aunque haya salido por la puerta de atrás; y si no ha ido sola, el granuja, el pillo que la acompañó, estaba en inteligencia con ella; y esto no puede haber sucedido sin tu consentimiento, ó sin haber descuidado la vigilancia que corría de tu cuenta. De cualquier modo, tú eres la responsable; y si no me la entregas hoy, aquí mismo, en todo el día, soy capaz de sentarte en el llar de la cocina para freirte el pellejo, ¡bribonaza! ¡Ya estás andando!