—En hubiendo marea para subir la barquía por la Arcillosa, para mí toas las horas son buenas, inclusen las de la noche... Conque... Aguárdese y perdone: hoy pleamar de una; bajamar de siete... á las once, media marea... Á esa hora, á las once, ya puede salir la barquía de onde está.
—Pues á las once. Y ¿cuánto se tarda en llegar?
—Contra corriente y dos remos solos... echemos hora y media.
—Á las doce y media; y luégo allá otra hora... ¡Bah! todo será llevar la pitanza y matar la gazuza en la barquía.
—Si es que no echa usté antes el estógamo por la boca.
—¿Suele suceder eso muy á menudo?
—Á los que no están avezaos, siempre que se embarcan.
—Allá veremos: en último resultado, saldré ganando la comida que ahorre.
—Si no nos la partimos entre el hijo y yo.
—¿Pues no pensáis llevar vosotros la vuestra?—preguntó aquí el Berrugo con aire de asombro mezclado de disgusto.