—¿Y por la parte de allá?
—Lo mesmo que por la de acá: peñasco limpio.
—¿Sin una mala gatera, hombre?
—Le digo á usté que como por la banda de acá.
—¿Y encima?... Parece que verdeguea algo.
—Peñasco puro tamién: cuatro matucas de herbachos, y algún conejo que otro.
—¡Hola! ¡Conque conejos! ¿Da modo que estará eso lleno de cuevas?
¡De qué manera tan extraña y original pronunciaba el Berrugo la palabra cuevas! Parecía que se le llenaba la boca de monedas de oro y de sartas de diamantes.
—Alguna que otra minuca, á modo de madrigueras—respondió el Lebrato.—Poco más de ná.
—¿Tú has estado allí?