—¡Qué cosas que tiene este hombre!—dijo aquí la Galusa algo picada.—El mi sobrino Marcos tiene más limpieza que todo eso... Y aunque no la tuviera, si sabe enseñar el modo de que otro la tenga, ¿qué más da?... ¡Vaya que se le paga al enfeliz con buen rumbo el trabajo que se toma por puro antusiasmo y pujos naturales de hacer el bien!
—Poco á poco sobre eso—dijo el Berrugo amoscándose.—En decir que tu sobrino es puerco, no falto á la justicia, porque á la vista lo lleva; pero el meterme tú por los ojos las enseñanzas que da á Inés como un favor del otro jueves, ya va por caminos muy diferentes. En primer lugar, yo no le llamé para que se tomara ese trabajo: él y tú lo barajásteis con Inés, sabe Dios cómo; en segundo lugar, si tu sobrino tiene vergüenza, á más que á eso le obliga el dineral que aflojé yo para ayudar á que aprendiera lo que sabe, por ceguedades con que le atolondran á uno los demonios, y por arrastrados miramientos que nunca lloraré bastante... ¿Lo entiendes?... Pues ahora le puedes ir con el cuento si te acomoda; y si le parecen mucho las Indias que me da con sus enseñanzas á Inés, que la deje sin ellas: al fin y al cabo, para hembra, le sobraba la mitad de lo poco que sabía, y yo bien hecho estoy á vivir entre roñas... como tú; y si me apuras un poco, hasta me engordan; pero si quiere seguir, y no haría nada de más, ni tú tampoco en aconsejárselo, que no espere que yo se lo agradezca tanto así (y marcó lo negro de la uña del dedo meñique); porque, como ya te he dicho, bien pagado se lo tengo... ¿Te vas enterando? Pues contigo va también la solfa, por si acaso quieres entonar con ella la letanía de alabanzas á tu sobrino... Y en seguida, vuelve por otra: ya ves que aquí se sabe corresponder como es debido... Y mírame los colmillos. ¿Ves qué retorcidos están?... Por si habías soñado con jincarme los tuyos en parte blanda con el memorial de sabidurías del zanguango...
Aunque la Galusa estaba bien acostumbrada á las genialidades de su amo, y solía reirse de muchas de ellas porque eran chisporroteos que no podían quemarla ni el pelo de su ropón de ama y señora inamovible de la casa, las de esta vez ya le penetraron más hondo, no solamente por las especies apuntadas en ellas, el tonillo chocarrero de que iban acompañadas y lo grave del asunto con que podían ligarse en definitiva, sino porque esa vez no era la primera, ni siquiera la cuarta, que, en poco tiempo, la domada bestia se atrevía á enseñar los dientes y las garras á la domadora.
—¿Qué es lo que se quiere decir con eso?—preguntó de repente la ofendida, poniéndose en jarras, un poco doblada por los ríñones, con el pescuezo rígido y los ojos clavados en los del Berrugo.
Sabía éste, por una larga experiencia, que las grandes cóleras de su criada comenzaban á estallar suprimiéndole á él la personalidad en sus invectivas, para eludir todo tratamiento; pero más valiente en esta ocasión que en otras semejantes, cuadróse á su vez delante de la retadora, y la contestó remedándola el estilo:
—Se quiere decir con eso, lo que nos da la real gana. ¿Quedamos enterados?
—¡No... mal hombre!—repuso la cotorrona hecha un basilisco;—¡no quedo enterada!... ¡Porque yo no hice qué pa merecer eso! ¡Y aquí pasa algo de un tiempo acá, que quiero saber!... ¡Yo no soy ya lo que era!
—Eso bien salta á los ojos—dijo el Berrugo con una calma incisiva que acabó de exasperar á la Galusa.—No hay más que vernos la estampa.
—¡Miren por onde se descuelga el grandísimo... pendejo, que tamién tiene que ver! La culpa tuvo quien no se dió á valer más cuando lo valía, y puso manjar de reyes en boca que merecía carrancas... Ahora viene el pago en la moneda de todos los desalmaos: dispués de comernos la hebra...
—Justo—interrumpió don Baltasar,—arrojamos los huesos. Nada más puesto en razón... Pero entiéndase que no se va por ese camino ahora, ni hay para qué llorar golpes que no se han recibido... Y ya se ha dicho lo bastante y hasta de sobra, para que se nos entienda... y lo dicho se repite... y de lo dicho se responde... y si se quiere más claro, se pone al sol... y si pica, rascarse... y si duele, que duela... ¿Lo vamos entendiendo mejor?... Pues nos alegramos... y hasta otra.