—Un poquito más, si a usted le parece.

—¡Caramba!—gritó aquí Peñascales, acordándose hasta de su hija—. En este caso—añadió—, ¿estará usted con licencia?

—No, señor: jubilado.

—¡Y tan joven!

—Señor de los Peñascales, la política no reconoce edades ni servicios.

—Verdad es.

—Sobre todo, cuando los funcionarios tenemos carácter y dignidad.

—También es cierto. Pero ¿no piensa usted volver a ejercer?...

—Lo veo difícil con este Gobierno, con el que no me reconciliaré jamás mientras yo observe que da al favor lo que debe al mérito.

—Según eso, ¿se cree usted postergado?