—Pues volviendo a la pregunta con que me hizo el honor de saludarme, ha de saber usted que me sorprendió, tanto más, cuanto que estuvo a dos dedos de mi pensamiento.
—Naturalmente. Diplomático y periodista, ¡figúrese usted qué se me ocultará a mí!
—No es esto decir que mañana precisamente ...
—Es lo mismo, señor don Simón. Será pasado mañana, o dentro de unos días ...
—Podrá ser.
—Y ¿sobre qué va usted a hablar?—preguntó el periodista, sacando de su cartera unas cuartillas y un lápiz.
Aquí se vio cogido don Simón, que aún no había madurado el cuándo ni el asunto.
—Pues, hombre—respondió por decir algo—, pienso hablar ... sobre ... Ya se ve, ¡son tantas las cosas que uno ...!
—Vamos, ya le comprendo a usted. Versará el discurso sobre algún asunto importante para la provincia que usted representa.
—Cabalmente—exclamó don Simón, mientras el otro escribía con el lápiz en una cuartilla, sobre el mármol de la contigua chimenea.