—¡Tantísimas gracias! Pero esos pormenores....

—Voy allá. El Gobierno.... Y ¡por Dios!, sea usted en esto reservado como una mazmorra; el Gobierno va a hacer un empréstito por suscripción. Emitirá papel con un interés anual de veinte por ciento.

—¡Aprieta!

—Mis colegas y yo hemos creído que un cebo semejante es el mejor atractivo. Las oposiciones dirán que lo hacemos porque está el Tesoro en quiebra, y porque el que se ahoga no mira el agua que bebe; pero le aseguro a usted que quien tal diga no estará en lo cierto. Por su parte, el Ministro de Hacienda se compromete a demostrar a usted que el empréstito, a pesar de ese interés, se hace en condiciones ventajosísimas para el Estado.

—Posible es—observó don Simón arrugando la cara.

—No he concluído todavía—añadió su excelencia—. El papel se emitirá a setenta por ciento.

—¡Santa Bárbara!

—¡Otra ventaja para el suscriptor!

—¡Ya, ya!—refunfuñó don Simón.

—¿No le parece a usted bastante claro todavía el negocio?—preguntóle con picaresca sonrisa el Ministro.