—No es eso precisamente—respondió indeciso el diputado—. Es que, por regla general, no me gustan los negocios en papel.
—Pero cuando el papel produce un veinte y se compra con un descuento de treinta ...
—Bien, ¿y qué?
—Que con el cebo de ese interés extraordinario ..., ¡figúrese usted!
—Sí; pero no veo yo garantías ...
—¿Qué más garantía que el favor del público?
—Además, señor Ministro, y ésta es la pura verdad: yo no tengo en Madrid más fondos que los estrictamente indispensables para cubrir mis atenciones de familia, ni puedo distraer de mi casa de comercio grandes sumas.
—Pues si usted tuviera que hacer eso— dijo entonces el Ministro, encareciendo mucho sus palabras—, ¿qué importancia tendría la consideración que quiere guardar a usted el Ministerio?
—No comprendo ...
—¡Si cabalmente se trata aquí de que haga usted la jugada sin desembolsar un cuarto, o poco más!