—Y luego que han sido diputados—concluyó Cuarterola—, si te he visto, no me acuerdo.
—Pues precisamente porque eso que usted dice es cierto, los hombres de mi carácter y de mi posición nos lanzamos esta vez a la lucha, resueltos a que sea una verdad el sistema representativo.
—¡Ya, ya!—volvió a gruñir Cuarterola.
—Conque, amigo don Jeromo—saltó aquí don Celso, persuadido de que toda preparación era ociosa con aquel bárbaro—, estamos al cabo de la calle y nos hemos entendido. Me consta que a usted, de buena o de mala gana, le siguen a las urnas todo el vecindario y algunos votantes más.
—¡Ya, ya!...
—Díganos usted cuántas candidaturas impresas necesita, para que se las enviemos oportunamente; y no se hable más del asunto.
—¡Ya, ya!...
—Y antes que se me olvide: ¿cómo va el pleito?
—¿El pleito?... ¡Ya, ya!
—¿Está en segunda instancia?