—Güen remedio tienes: echa más harina.

—¡Ya, ya!... Pero á ese paso...

—¿Oístes lo que dije, que es lo que más importa?... El barrio está soluco... ¡soluco de too!... ¿Te vas enterando, Narda?... Digo que soluco... y sin alma viviente... Los pasos están daos, y cada cosa en su punto... ¿Lo has oído bien?

—¡El Señor m'ampare!...

—¿Qué rejón te clavan ahora?

—Que espesé la masa otra vez, y no puedo regolverla.

—Pues échala más agua, torda, y no te apure el caso... Mucho más debe apurarte el otro... ¡Por vida de...! ¿Estás en tus trece, ú no lo estás?

—Lo estoy como lo estaba, Ceto; pero hay que mirarse una miajuca...

—¡Mal rayo me parta!... ¿Ahora me sales con ésas?... ¿Qué es lo que te espanta?...

—La ira de mi padre, Ceto, y el decir de las gentes...