—¡La ira de tu padre!...
—¡Virgen de la Miselicordia!...
—¡Qué te duele, Nardona del demontres?
—¡Que esto es una mar, y malas penas me coge ya en la masera!...
—Echa más harina, y verás cómo abaja el caldo...
—¡Quiera Dios que me acance lo que me queda en el saco!
—¡Con que la ira de tu padre!... Bien probá la tienes tú. Pa que tome á la juerza lo que no quiere en voluntá, amañemos la trampa... ¡y ahora te asusta!...
—¡Trampa!... ¡Y bien que trampa es ello! que si no lo juera tanto, no me desafligiera yo, Ceto.
—¿Te me güelves atrás, Narda?
—¡Eso sí que no, Ceto; que á leal de palabra no me gana naide!