Yo estaba cerca del sofá; sentóse Clara en él, y maquinalmente me dejé caer á su lado.
—-No olvide usted—me dijo,—que se trata de saber quién de los dos ha sido más valiente en cierto trance, y por qué lo ha sido. Va á ser esto, pues, una especie de duelo entre dos valientes: breve y sin cuartel. Verdad que á mí me falta, para entrar en él, la maestría que quizá le sobra á usted, porque esa se adquiere con la experiencia, y yo no la tengo; pero la supliré con mi carácter, que es firme y desengañado, y allá saldremos los dos con escasa diferencia.
Y vea usted: ¡tanto alarde de valentía, ella que no los necesitaba de ordinario, precisamente cuando lo inseguro de su voz, la palidez de su rostro y otras señales bien ostensibles, declaraban á gritos que estaba muerta de miedo! Y ¡cosa más extraña aún!: yo que lo conocía, en lugar de envalentonarme con ella, más me encogía y me apocaba, y más fuerte y desordenado era el latir de mi corazón.
—Á usted le toca empezar—añadió Clara tras una ligera pausa;—y sea breve y conciso, si no quiere que nos interrumpan á lo mejor.
¡Dios mío, qué trance aquél! Yo me acordaba de todos los amantes imberbes de las tertulias graves y de los bailes por lo fino; yo me veía como los había visto á ellos tantas veces, atarugados, lacrimosos y sentimentales, haciendo, con hiperbólicos rodeos, una declaración rimbombante y mimosona, á una mujer que les apagaba los imaginados fuegos con una burlona sonrisa, cuando no con una carcajada. Y me acordaba de ellos, porque ni estaba yo menos conmovido, ni menos atarugado. Por otra parte, pensaba que aquel trance no había sido buscado por mí; y que, aun sin esto, yo tenía algunos títulos en qué fundar, cuando menos, la esperanza de que no se rieran de mis cuitas; cierto derecho á decir lo que sentía, y pruebas notorias de que lo sentía de veras. Pero si yo no era un amante imberbe, soñador ni ridículo, Clara, cuya actitud podía engañarme, estaba á cien leguas del tipo común de las mujeres, por su temperamento, por su carácter y hasta por su inteligencia. La proporción resultaba, y el riesgo, por ende, existía. Y con estas cavilaciones que me acometían con la velocidad y hasta con la luz deslumbradora del rayo, esquivaba el tema del asunto y me escondía detrás de una metáfora, ó me escapaba por una callejuela de vulgaridades. Pero los ojos de Clara me perseguían implacables; y aguijándome con la mirada, tornábanme dócil y manso al redil. En una de estas escaramuzas me amarró diciéndome:
—Porque usted se puso colorado y yo no, al mirarnos á los dos unos mismos ojos, me tuve por más valiente que usted; y usted me negó esta ventaja que yo creo llevarle, so pretexto de que á usted no le ruborizó la mirada por ser mirada, sino por lo que descubría. Es decir, que en demostrando yo que había en mí tanto que descubrir como en usted, queda probado que soy mucho más valiente, puesto que resistí la mirada sin inmutarme. Esta es la cuestión: ver lo que hay oculto en usted, y ver lo que hay oculto en mí. Ahora vengan esos secretos de usted, y en seguida aparecerán los míos.
No había escape. Era preciso resolverse, y me resolví; se necesitaba valor, y le tuve. Pero me faltó el método, y hasta el estilo. ¡Tiene tres perendengues esto de declarar cosas tan serias á una mujer de talento! En tomar bien el asunto consiste todo; porque el trance está tan cerca de lo serio como de lo ridículo, y á mí todas las tentativas se me inclinaban á este lado. Cuando los gladiadores romanos estudiaban tanto el modo de caer con gracia sobre la arena del Circo, por algo lo hacían.
—Clara—dije al fin, sudando de congoja,—le juro á usted que no es valor lo que me falta para declarar todo lo que siento: es que no hallo modo que me satisfaga, sin temor de que la pintura no sea digna del asunto, ni de usted que me la inspira.
Sonrióse ella y atajóme diciéndome:
—Voy á ayudarle á usted á salir del apuro... ¡y, por Dios, no se ría de mí si me equivoco en mis presunciones! Hace algún tiempo (no mucho) que en el corazón de usted ocupo yo un sitio algo mayor del que ordinariamente se otorga á una amiga. ¿Es cierto?