—El mismo.
—¿Y adónde van á parar los fondos recaudados de esa manera por usted?
—Al señor secretario.
—¿Íntegros?
—Íntegros, menos la pequeñez con que remunera el trabajo de la recaudación.
—Y esa recaudación, ¿es de importancia?
—Bastante... Quizá más que el sueldo de V. S. ¡Como lo malo abunda, y todo lo malo paga!...
Me dió asco lo que me decía aquel hombre: impúsele silencio, y le mandé que saliera.
Volví á llamar al secretario. Entró, cerré la puerta y le dije en crudo cuanto acababa yo de saber por el jefe de la policía. Me oyó impávido y no negó los hechos. Me espanté; pero logré dominarme, porque era de necesidad, y añadí:
—Hay todavía otro punto delicado, que debe ser de la exclusiva incumbencia de usted. Se dice que no todos los expedientes que se tramitan en estas oficinas de mi cargo, se resuelven conforme á justicia, sino que se subastan los acuerdos...