—En efecto—dije siguiéndole el humor á don Serafín,—tienen ustedes el vicio de la luz y del aire libre.
—Y el del teatro,—añadió Carmen con cierta sonrisilla entre picaresca y codiciosa.
—¿Le gusta á usted mucho?—la pregunté, comprendiendo su intención.
—¡Muchísimo!—respondió.—Si fuera rica, no perdería noche. Ya ve usted si soy viciosa.
—Ese no es vicio, Carmen: antes es afición que enaltece.
—¿Lo cree usted así?
—Sin la menor duda. El teatro es escuela de moral y buenas costumbres,—exclamé con gran aplomo, lo mismo que si hubiera visto un teatro en todos los días de mi vida, y no hubiera tomado la máxima del periódico de mi padre, que la repetía á menudo, aunque con minuciosas salvedades.
Rodando la conversación sobre este tema, asaltóme el deseo (puesto que me sobraban medios de realizarle, y realizándole satisfacía yo la curiosidad que comenzaba á sentir) de ofrecer á aquella singular familia un extraordinario esparcimiento de los que tanto apetecía Carmen. Busqué el modo que me pareció más prudente para decirlo sin ofensa de ninguna fibra sensible, y logré que conviniéramos don Serafín y yo, con visible regocijo de Carmen, en que iríamos todos juntos al teatro en la noche del día siguiente, con dos condiciones que impuso Balduque: primera, que, por entenderlo mejor que yo, recién llegado á Madrid, habíamos de ir á las localidades que él eligiera (sin duda para serme menos gravoso el obsequio); segunda, que había de aceptar yo la recíproca cuando llegara el caso.
¡Si me hubiera sido tan fácil reponer á don Serafín en su destino como proporcionar á su hija tres horas de descanso y de recreo!... Y bien sabe Dios que, al asaltarme entonces el enojoso recuerdo de mi malograda visita al influyente Valenzuela, no fué por lo que me interesaba personalmente.
Algo hablamos de él allí, y de mis cordialísimos propósitos de recomendarle la reposición del mísero cesante; algo también de los primeros pasos dados por éste, sin éxito alguno, en el terreno de sus particulares conexiones; y mucho más de ciertas generalidades que me entretuvieron grandemente, por ser Carmen quien hizo el mayor gasto en la conversación.