—¿Y usted prefiere lo de antes?
—Le sentaba á usted mucho mejor. Eso que usted me dice ahora se le ocurre á cualquier estudiantillo desatento.
—Dura es la lección por ser de usted, Carmen; pero sepa usted que la acepto, aun cuando puedo jurar que no la merezco si me la dió por descortés y atrevido á sabiendas; y á lo mío me vuelvo con muchísimo gusto; sobre todo, si así la inspiro á usted más confianza.
—Con ello y sin ello me la inspira usted siempre; sólo que como en materia de gustos es permitido escoger, yo le prefiero á usted tal y como le conocí viniendo de la Montaña... y algunos días después.
—Pues ese soy, y pelillos á la mar; ese mismo con su insipidez...
—No hay nada insípido ni sabroso: todo depende del paladar.
—Con tal que al de usted le supiera yo á mieles...
—¿Otra vez, señor Sánchez?
—¿También por aquí peco, hija mía? Pues esto no es hablar de los pies ni de las manos de usted.
—Pero al fin son chicoleos de mal gusto, tan impropios de usted como de la ocasión.