—Sería para usted.

—¿Desde luego?

—Desde hoy mismo.

—¡Demonio!—exclamé en el colmo de la sorpresa.—Hágame usted el favor de explicarme eso.

—Está vacante la administración de un periódico de importancia; lo he sabido anoche; hablé con el director (propietario á la vez), gran persona y amigo mío; le ofrecí un administrador de las condiciones y señas de usted, una por una... y un poquito más, por si acaso... siempre á reserva de que le convenga á usted la plaza, que yo creo que le conviene, y por eso me acordé de usted; aceptó la oferta el amigo, que me sirve siempre que puede, á reserva también de que usted le convenga á él; y como esto acontecía cuando ya era por filo la media noche, he madrugado hoy para enterarle del caso, ganando todo el tiempo posible, porque en Madrid abunda el hambre, los buenos bocados se huelen de lejos, y no hay que fiar demasiado en palabras de los hombres.

Oyendo esto, di media vuelta sobre la silla, solté las chinelas de dos pernadas vigorosas, y comencé á calzarme las botas, que estaban al alcance de mi mano. Matica se sonreía y me dejaba hacer. Después cogí la capa, luego el sombrero, y, por último, rasgué la carta que había empezado á escribir á mi padre.

—Estoy á las órdenes de usted,—dije á Matica, conmovido y acelerado.

Celebró el tal con grandes risotadas el desconcierto en que me veía; y yo exclamé, temiendo que se burlara de mí en todo cuanto me había referido:

—¿No dice usted que hay que aprovechar los instantes?

—Sí que lo dije; pero no hemos de tomar los dichos tan al pie de la letra. ¡Estos caballeros rurales tienen una virginidad de impresiones!... Considere usted, amigo Sánchez, que el periódico es matutino, por lo cual sus redactores velan hasta muy tarde, y es posible que, á la hora presente, no encontremos todavía con quien entendernos en aquella casa. Demos, pues, tiempo al tiempo, y entre tanto, hablemos un poco del asunto. Todavía no sabe usted de qué periódico se trata.