—¡Cómo «para usted?...» ¿Y para tí?

—Para mí, hay cuatro sardinas.

—¿Y desde cuándo acá hay manjares distintos para nosotros?

—Es tan poca la carne, que no alcanza para los dos.

—Con que poca... Y ¿qué tal está? ¿qué tal está, con esas patatitas?

—Á medio hacer todavía, señor.

—Á medio hacer, á medio hacer... ¡Vea usted, qué jinojo!... Pues mira, tráete ahora mismo esa carne, según esté, con puchero y todo...

—Pero, señor, si...

—Que te lo traigas, ¡cuerno!

Salió la vieja Ramona, y volvió en el aire con un pucherete humeante entre las manos envuelto en una rodilla sucia.