Tanto, y tan sentido, que se quejó de ello á Tolín así que llegó á su cuarto.
—Te digo, hombre, que el mejor día la suelto una fresca. ¡Mira que es mucha tirria la que me va tomando!
—¡Qué ha de ser tirria eso!—le replicó Tolín, mientras se enceraba las desmayadas guías de su bigotejo ralo.
—Pues si no es tirria, ¿qué es?
—Gana de divertirse contigo. ¡Como hay tanta confianza entre vosotros!...
—¡Pues me gusta la diversión!
—Sí, hombre, sí; no es más que eso... ó algún resentimiento que podrá tener...
—¿De qué?
—¡Qué sé yo? De todas maneras, no vale un pito la cosa.
—Para tí, no; pero para mí...