Pero, al fin, todo esto era una suposición: estaba por ver, daba tiempo; se vería venir, podía combatirse desde lejos... ¡Lo otro, lo otro era lo grave, lo apremiante, lo apurado para él!...

Y así batallaba, hasta que, al cabo de las horas, volvióse del otro lado y se quedó dormido.

XVIII

IR POR LANA...

Por primera vez en su vida anduvo Andrés, con una perseverancia que á él mismo le repugnaba algo, en acecho de una ocasión para verse á solas con Sotileza; y también por primera vez en su vida, tan pronto como logró sus intentos, engañó á Tolín con un pretexto inventado para faltar dos horas del escritorio.

Aconteció esto á media mañana, en un día en que tío Mechelín estaba á maganos con su barquía, y tía Sidora á la plaza. Sotileza trajinaba en la bodega, en su habitual arreo doméstico: limpio, corto y ligerísimo, según se ha descrito en otra parte, y con el cual se admiraba mejor que con el de los domingos el lujo escultural de la hermosa callealtera. Bien observado lo tenía Andrés. Por eso se alegró mucho de hallarla así, aunque ya contaba con ello.