—Y si en esa cuenta estabas, Andrés—exclamó Silda con un calor de acento desacostumbrado en ella,—¿por qué no te la echaste en su día, para no hacer lo que hiciste?
—En la respuesta á esa pregunta está cabalmente la disculpa de aquel acto y de aquellos dichos; la única razón que puedo ofrecerte para volver por entero á tu estimación y á tu confianza. Y ya ves cómo esta razón no podía dártela con testigos, sin descubrir la causa de ella; lo que sería un remedio peor que la misma enfermedad.
—Yo no sé—dijo Sotileza con el acento y la expresión de la más cruda sinceridad,—que pueda haber disculpa para esas cosas, en hombres de tan arriba como tú, con mujeres de tan abajo como yo.
Andrés sintió en mitad del cráneo el golpe de este argumento.
—Pues qué—respondió buscando en los falsos efectos de la voz y de las actitudes el brío que no hallaba en su razón,—¿eres tú de las que creen que tratándose de «esas cosas» hay distancias ni jerarquías que valgan? Tu hermosura envuelta en esos cuatro trapillos, limpios como la plata, ¿no es tan hermosura como la que se adorna con sedas y diamantes? Lo que por tí experimente un mozo rudo y grosero, ¿no puede experimentarlo, y hasta con mayor fuerza, un hombre de mis condiciones?... Lo que la amenidad del campo y el influjo de la naturaleza, en todo su esplendor, puedan hacerle sentir á él, enfrente de una mujer como tú, ¿no pueden hacérmelo sentir á mí también?... Y ya que de este trance hablamos, ¿qué tendría de extraño que siendo tan propicia la ocasión y tan placentero el sitio, tratara yo de aprovechar ambas ventajas para poner á prueba tu virtud con un asalto de comedia?
Silda respondió á esta parrafada con una sonrisa fría y burlona.
—¿Es decir, que no me crees?—le dijo Andrés muy contrariado.
—No,—respondió Silda con entereza.
—¿Por qué?
—Porque lo que es mentira se conoce desde lejos, hasta en el modo de venir; y aquello, no te canses, Andrés, aquello era la pura verdá... Por eso hubiera creído hoy mejor en la pena que me pintas viéndote llorarla de todo corazón, que amparándola con un embuste.