—Pus me alegro tamién. ¡Ju, ju!

—¿Por qué, animal?

—Puño, porque así estás tú sola, que es lo que me gusta á mí... ¡Ju, ju! ¿Sabes que va á haber regateo?

—¿Cuándo?

—El día de los Mártiles, si no aflojan los de acá... ¡Puño! ya verás lo que es jalar del remo y zamparse la onza... ¡Una onza, Sotileza! ¡Puño, si juera mía! ¡Bien sabría yo qué comprarte con ella! ¡Ju, ju! ¡Puño, qué día ese! Á más de ello y la junción de Miranda, con pedrique de pae Polinar, estrenaré yo too el vestío, de pies á cabeza; hasta con zapatos y too, ¡puño!

—¿Ya tienes la gorra y la chaqueta que te faltaban, Muergo?—preguntóle la moza con el interés de una madre que se desvelara por ataviar á su hijo.

—¿No te lo digo? Tanto te empeñastes, que en juerza de agorrar, y agorra que agorra...

—¿Y por eso sólo, Muergo? ¿Por eso sólo agorrastes?

—¿Por cuál, tú?

—¿Porque yo te lo mandé?