—Don Andrés.

—¿Á esa persona le fuiste con el cuento, animal!... ¿Y qué te dijo?

—Las mil indinidaes, Sotileza... ¡Muerto me dejó!

—¿Lo ves!... Y ¿cuándo fué ello?

—Ayer por la tarde...

—¡Bien merecido lo tienes! ¿Á qué vas tú á naide con esas coplas?

—¡Paño, ya te lo dije! Me ajuegaba el hipo... Faltábame arrojo pa hablarte de ello, y buscaba gentes que lo hacieran por mí... ¡No las buscara hoy, paño, ya que he roto á hablar!... Pero no es éste el caso, Sotileza.

—¿Cuál es si no?

—Que porque arriba sean malos, lleve yo las triscas.

—Yo no te las doy, Cleto.