XXI
VARIOS ASUNTOS Y MUERGO DE GALA
Injuriar fuera la perspicacia del lector, por roma que la supongamos (y no supondré yo tal cosa), declararle aquí, en son de noticia importante, que pae Polinar llamó á su casa al matrimonio de la bodega de la calle Alta para hablarle del asunto que le había encomendado Cleto. El pobre fraile, con el trabajo que le daba el sermón que traía entre cejas, y el miedo que le infundían las hembras de casa de Mocejón, tomó aquel partido para perder menos tiempo y no verse en un trance que tan de lumbre temía.
Cumplió su cometido con poco entusiasmo, y hasta con la advertencia de que él ni entraba ni salía, y la condición de que, si el asunto cuajaba, no supieran ni las moscas del aire que su lengua se había movido ni para aquello poco que decía por servir al obcecado muchacho.
—Cleto es buena persona—dijo al último.—Tendría bien por un lado para ayudar á la casa. No daría guerra en ella; pero la darían otros, sólo por verle allí tan en paz... Ya sabéis de quién hablo. ¿Te acuerdas, Miguel? ¿Te acuerdas, Sidora?... ¡Qué gente, cuerno! ¡qué gente!... Por otra parte, aunque la muchacha es guapa y honrada de veras, y por ello sólo merece un marqués, como los marqueses no buscan marineras para casarse con ellas, Silda, más tarde ó más temprano, tendrá que apechugar con un callealtero del oficio; y este callealtero, greña y palote más ó menos, allá se irá en pelaje y en literaturas con el hijo de Mocejón después de limpio y trasquilado. ¿Entendéis lo que digo?... Pues en conociendo la voluntad de la interesada, pésense allá en familia las verdes con las maduras de este particular... y al cuerno, hijos; que yo ni entro ni salgo... ¡y Dios me librara de ello, jinojo!
Las mismas verdes y las propias maduras que el padre Apolinar veían en el asunto tía Sidora y su marido, con la única diferencia de que la primera para todo lo malo hallaba un remedio; y al segundo, hasta lo mejor llegaba á parecerle muy malo en cuanto se metía á comparar el oro bruñido de Sotileza con el cobre roñoso del hombre que la pretendía. Verdad que para tío Mechelín no había nacido galán en el mundo, ni nacería tan pronto, que en buena justicia la mereciera.
Sotileza había comprendido, por todo lo que le dijo Cleto, después del recado que le dió la criada del padre Apolinar, que en casa de éste se había tratado el mismo punto que acababa de ventilarse en la bodega. De modo que, á media palabra que la dijo tía Sidora después de convenir con su marido en que era hasta deber de conciencia consultar, sin perder un instante, la voluntad de la interesada, le salió ésta al encuentro para referir lo que le había sucedido con Cleto.
—Mejor pa nusotros—dijo tía Sidora,—que un trabajo nos quitas con saberlo ya.