—¡Á tí, sí, chismosona!... ¡[cubijera]!... ¡Y también á esa otra lambe-caras que te está prevocando contra mí!
La «otra lambe-caras,» desde su balcón:
—¡Echa, echa solimán por esa bocaza del demonio, coliebra!... ¡escandalosa!... ¡borrachona!
Carpia, desde abajo, sin que se callen las de arriba:
—«¡Escandalosa!...» Pregúntela, madre, por qué la carenó el pellejo la otra noche el su marido... Y si no se atreve á cantarlo, que lo cante la brujona de la su vecina, que la corre los [cubijos] por lo que se le pega al gañote, ¡caraspia!
La «brujona» del entresuelo, sin que callen las anteriores:
—¡Yo cubijera de naide! ¡Desvergonzaona!... ¡cancaneá!... ¡envidiosa!... ¿Te lo ha dicho ella por si acaso?...
—Me lo ha dicho quien lo ha visto con sus mesmos ojos... y no me dejará mentirosa á la hora presente... porque oyéndolo está bien cerca de aquí, asomá á la ventana, por más señas... ¡Caraspia, no te hagas la disimulá, que too el mundo sabe que por tí hablo!
La de la ventana, entre el vocerío de todas las anteriores:
—Pa que yo te dijera esas cosas, juera menester que me rebajara á cruzar palabra contigo y á alcordarme de espantajos indecentes como esa otra... Y tú, perra lambiona, ¿por qué tiras de la lengua á denguno cuando eres un talego de maldaes, como la madre que te parió? ¡Desgobernás... que dormís las cafeteras en el balcón por falta de cama!... ¡porconazas!...