Andrés había salido á la calle rato hacía.
XXV
OTRAS CONSECUENCIAS
En poquísimas horas, ¡cómo había cambiado de aspecto el interior de la bodega de tío Mechelín! ¡Qué cuadro tan triste el que ofrecía mientras don Pedro Colindres enderezaba sus pasos hacia ella! Silda, desfallecida, cansada de llorar y sin lágrimas ya en sus ojos enrojecidos, sentada en un taburete, apoyaba su hermoso busto contra la cómoda por el lado frontero al dormitorio, cuyas cortinillas estaban recogidas hacia los respectivos extremos de la barra. No daba otras señales de vida que algún entrecortado suspiro que quería devorar, y no podía, en el fondo mismo de su pecho, y las miradas tristes que de vez en cuando dirigía al lecho de la alcoba sobre el cual yacía vestido el viejo marinero. Tía Sidora, sentada á media distancia entre los dos, padeciendo por las penas de ellos tanto como por las suyas propias, sólo dejaba de consolar á Sotileza para acudir con sus palabras, de mal forjados alientos, á levantar los abatidos ánimos de su marido. Y, entre tanto, ¡cómo se le deslizaban, gota á gota primero, y después hilo á hilo, las lágrimas por la noblota faz abajo!...
Conocíalo Mechelín en el temblar de la voz de su pobre compañera, porque la luz del candil no daba para tanto; y queriendo pagarla sus esfuerzos con algo que se los evitara, decía desde su lecho, con el ritmo triste de los agonizantes:
—¡Cosa de ná, mujer; cosa de ná!... Sólo que anda uno tan apurao de casco, tan resentío de fondos, que el tocar en una amayuela le hace una avería en ellos... Hazte tú bien el cargo... Venía uno de la mar con un poco de risa en el ánimo, porque le duraba á uno entoavía el acopio de la de ayer... y hasta pensaba uno ir tirando con ello... esta semana siquiera. Dempués, Dios diría... Y remando así, oye uno este decir y el otro en metá de la calle; y pregunta uno, y va sabiendo mucho más... y entra uno en casa con el agua á media bodega, y encuentra aquí el sospiro y allá las lágrimas; y acaba uno de irse á pique sin poderlo remediar... ¡porque no está uno avezao á eso, y no es uno de peña viva!... Pero güelve el hombre á flote otra vez; y aunque saque una costilla quebrantá... ú la boca muy amarga... esto pasa; los tiempos lo curan... de un modo ú de otro... y á remar otra vez, Sidora... Y éste es el caso; porque yo no estoy pior que ayer, aunque á tí te paezca cosa diferente: estoy un poco desguarnío, motivao á lo que sabéis; me pedía el cuerpo esta miaja de descanso, y he querío dársela. Y no hay más.