—Pensé que usté lo sabía, don Andrés... Pos es motivao á la leva.

—Era de esperar ya... Y ¿qué tal es?

—Pos, hijo, una barredera... No la recuerdo mayor. Esta tarde se nos ha notificao por la Comendancia... No queda un mozo en los dos Cabildos... Del de Abajo, solamente, van cuatro de segunda campaña por no haber número bastante de los de primera... ¡con que fegúrese usté!

—Triste es eso, Reñales; pero son cargas del oficio.

—¡Güeno está el oficio, don Andrés!... Dos días hace que no vamos á la mar.

—Pues ¿cómo así?

—¿No ve usté el cariz del tiempo?

—Bien en calma está.

—Sí; pero calma traidora... ¿Quién se fía de ella, don Andrés?

—Tres días van así ya, y nada ha sucedido.