—La has oído...

—Te repito que sí.

—Me alegro, Tolín, me alegro de que la hayas oído bien. ¿Y qué te parece?

—¡Mire usté ahora con qué coplas salimos!—exclamó Tolín muy contrariado.

—¿Pues con qué coplas he de salirte, hombre?—preguntóle candorosamente su hermana.

—Pues con las tuyas, ¡canario!

—¡Pero si las mías empiezan por ahí, bobo!

Tolín se encogió de hombros y volvió un momento la cabeza hacia otra parte.

—Como siempre, Luisa, como siempre—añadió un instante después.—Maldito si se pueden atar dos cominos con todos los aspavientos tuyos. En fin, dí lo que te dé la gana; ya veremos lo que sale.

Luisa miró á su hermano con un gesto que no era un himno á la perspicacia del mozo aquél, y le dijo: