—Al momento, cabayero... ¿Le gusta a Vd. así el respaldo? ¿Quiere Vd. que le suba..., que le baje?
—No, señor.
—Muy bien. ¿Fría, o caliente?
—Como a Vd. le dé la gana, con tal que me afeite pronto y bien.
—¡Oh! como una seda, cabayero... Un poquito más alta la barbiya, si Vd. gusta... Así... ¿Qué calores tenemos, eh? ¡Cómo se estará asando aquel Madrí!... ¿Hace mucho que no ha estado Vd. por Madrí, cabayero?
—Y ¿qué sabe Vd. si yo he estado allá alguna vez?
—¡Oh! yo le conozco a Vd.
—Pues que sea por muchos años.
—Sí, señor. Cuando vino Vd. a cortarse el pelo anteayer, me lo dijo el chico que le sirvió a Vd.
—Es decir, que es Vd. nuevo en esta peluquería.