—Pero ¿cómo?

—¿Sabe Vd. nadar?

—Como un canto.

—Entonces véngase Vd. a la galería, y desde allí le enseñaré yo... ¿Ve Vd., a la derecha, aquel peñasco que se mete más que los otros en el mar?

—Sí que le veo.

—Pues desde allí se tira Vd. de cabeza.

—¡Zambomba!... ¿Y después?

—¿Después...? Después va Vd. a contárselo a su abuela.

—Ja, ja, ja... ¡qué buen humor tiene este señor de Zorrilla!... ¡Pues anda! que se ha largado... y sin cobrar la consulta. A bien que todos los días he de verle después del baño para explicarle el resultado y pedirle el plan para el siguiente.

EN LA DESPEDIDA.