—¿Quién es ese desgraciado? —le preguntáis, por preguntarle algo, antes de plantarle en la escalera.
—Un servidor de Vd., que no hace mucho ocupó una briyante posición social. Pero los acontecimientos políticos...
—¿Era Vd. de los del Presupuesto?
—¡Jamás, cabayero!... Me estimaba demasiado para eso. Yo era rentista.
—¡Hola!
—Sí, señor; tenía todo mi capital en los fondos públicos.
—Lo creo.
—Y con estas bajas tan atroces, a consecuencia de la intranquilidad en que tienen al país estos gobiernos...
—Y a mí, ¿qué me cuenta Vd?
—¡Ah, cabayero!: yo quisiera una ocupación honrosa para ganarme el sustento.