—¿Mucho?—le respondía el joven comerciante sin levantar la vista de su pupitre.

—Setecientas, ocho, once: aceptadas.

—¿Á...?

—Redondo.

—Por París.

—¿Corto?

—Cuarenta.

—¿Vista?

—Fecha.

—¿Cambio?