—¡Ea!—exclamó Toribio entonces lleno de júbilo;—esto es cosa hecha. Vuelvo á mi casa á dar la noticia al borregote de Antón, que la recibirá como una bendición de Dios, y... Pero antes, vengamos á cuentas. La obra de esta casa corre prisa, tanto que yo la empezaría mañana. Ustedes no pueden vivir aquí con el jaleo que se va á armar; y puesto que somos unos...
—¡Todavía no!—gritó don Robustiano en las últimas agonías, como si dijéramos, de su vanidad.
—Quiero decir—repuso Mazorcas,—que lo seremos, y en esta inteligencia, espero que ya no rehusarán mi casa.
—¡Decente estaría eso!—refunfuñó don Robustiano.—¿No te parece? ¡Después de lo que habéis arreglado, ir á meterse ésa allí!...
—Hay un buen remedio—observó Zancajos:—anticipemos el belén. ¿No es verdad, doña Verónica? ¿No es cierto, don Robustiano?
Excusado es decir que la primera asintió de buena gana á la proposición. En cuanto al segundo, estaba resuelto á no hablar del negocio y se calló como un muerto; digo mal, como un lobo acorralado.
Pero Zancajos se pintaba solo para descifrar gruñidos y refunfuños, y ajustando los de don Robustiano á su deseo, declaró «el belén» anticipado y acordó, en nombre de los demás, que tendría lugar tan pronto como se despachasen todas las zarandajas indispensables.
—Otra cosa—añadió:—usted, señor don Robustiano, no es tan á propósito como yo para lidiar con el laberinto que se va á revolver aquí desde mañana al comenzar la obra. Si usted me lo permite, me encargaré yo de ella.
—¡Eso más!—dijo don Robustiano con honda amargura, pensando que ni sobre los viejos morrillos de su casa podía disponer ya.
—Creo que usted no me ha comprendido bien—dijo Toribio adivinando la intención de las palabras de don Robustiano:—usted recibirá de mí la cantidad que guste; usted dirigirá la obra y pagará obreros y materiales, y hará en todo su voluntad: lo que yo quería para mí era, como si dijéramos, el cargo de sobrestante, porque, desengáñese usted, conozco mucho á la gente menuda y sé, como nadie, hacerla andar en un pie. Todo esto, don Robustiano, con el fin de adelantar la obra y conseguir que no nos den en ella gato por liebre. Además, creo que se puede sacar un gran partido de esta casa dando á la compostura cierta dirección... vamos, como yo se la daría.